
En aquel período primitivo de mi vida, donde las sombras eran más evidentes que mi cuerpo pesado de resignación, conformidad y neutralidad ante el fracaso, surgían visiones intermitentes que en el momento actual llamaría prolongaciones de mi existencia. Entre sueños y realidades, proyectaba la imagen del hombre que inundara de radiación continua mi diario vivir; por cierto, nunca que fuera alguien que me hiciera preguntas para caer en juegos de la mente, los cuales inevitablemente existieron, pero no circularon en mis venas ni ungieron cicatrices. Y aunque tomaran ese rol no lo permitiría, porque la resiliencia es íntima.
Sin embargo, entre esos parajes que viví en la semicompañía, conversaba con el silencio y las noches argumentativas, mis ojos viajaban en mi interior, queriendo encontrar y decir que podía ser feliz, podía estar al encuentro de ese ser que, sin duda, era humano, pero que alcanzara mi sonrisa a través de la misma sencillez de las palabras que corren en expresión espontánea. Alguien que con sus gestos faciales superara hasta los malos chistes de los transeúntes que pasan a ser bufones de su propia existencia. Quien no me enseñara una teoría más del Universo para su propio beneficio, sino que concretamente me mostrara un lago y una puesta de sol por la tarde y me dijera sin mover los labios "Tú eres y seguirás siendo parte de esto, como yo también lo soy si tú quieres". Y por supuesto, quien se atreviese a comprenderme desde los lazos profundos presentes que he establecido y compartiera y se sintiese cómodo como yo lo siento con los suyos, los cuales agradezco enormemente que motiven a su desarrollo.
Este hombre está sujeto a mi alma a tal grado que es un hecho invariable que cada mañana que suceda a otra quiero abrir mis ojos, observar sus párpados y acercarme a sus brazos para seguir afirmando mi decisión de estar a su lado. Es un hecho que si llego a atravesar un límite tomo la responsabilidad y es que esto no es una sugerencia, sino una experiencia actual y consecutiva. Amo en todas sus formas y costumbres a aquel hombre y asumo que en la realidad próxima podrían existir desacuerdos o diferencias, porque ambos somos humanos, pero lo acepto y quiero abrazar esa realidad por muy lejana que ésta parezca ahora. Quiero que ese único hombre sea el creador común de mis hijos y que éstos en sus aventuras observen que su padre es profesor y aprendiz. Quiero ver a ese hombre reir cuando cumpla un sueño y besarlo hasta después que todos digan Buenas noches.
Y ese ser está a mi lado y cada día mi amor por él discierne mi existencia. Incesantemente, continúo amándolo, como si haya comprendido ese sentimiento por primera vez. Y es que es así, es cierto.