Profundidad, por favor.

Preparo mi fraticidio político, no consanguíneo, sólo están los ingredientes que al mezclarse resultarán nada más que alejamiento y cuestionamientos para quienes no hablen en serio acerca de la necesidad de hacerse más hombres, cuando son sólo unos primates que han logrado recién prender el fuego de su propia ignorancia y especulación.

¿Y te quieres familiarizar conmigo sin conocimiento y sólo con lujuria e interrogaciones desproporcionadas de respuestas? Sepa mi propia naturaleza que soy una mujer que no busca satisfacciones con tiempo del sol cuando cae para enfriarse en el mar, y aunque este ejemplo sea increiblemente bello dentro de figuras y fondos, sólo me aventuro a hablar del tiempo en que dura.

Soy una mujer que no tiene más necesidades que las básicas, tengo anhelos que serán más vividos y exclamados en una foliè a dèux o locura compartida. Pero no soy de la generación perdida donde los machos del patriarcado eran dominantes y creían ser amo de llaves de la puerta llamada libertad. Tampoco soy parte de esa edificación de un mundo conservador y represivo donde tenían en las manos los ladrillos de la irreversibilidad del poco respeto.

Amo a los hombres irreverentes y que luchan por la rebeldía. Pero con esas pseudologías fantásticas de ser rebelde los odio profundamente. Porque compraron un cerebro poco crujiente, exasperado, inocuo y poco sustancial en un mercado libre y no saben que adquirirlo era gratis.

Gratis es es el medio para llegar a el, gratis es potenciar sinapsis en un sistema límbico. Y es que después dicen que los que nos quejamos somos sentimentales. Bueno, los desestructuralismos son posibles. Y senti-mental quiero ser, senti-mental es mi lenguaje y es el diálogo de los sordos frente a figuras sementales que no pueden existir.

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