
Una madrugada sabatina y silenciosa. Suave es el sueño de mis acompañantes, pareciera que tal estuviera acurrucándolos en sus hombros, los absorbe y los hace descansar. Se apodera de mí esa tranquilidad sublime.
Por lo pronto, la sangre sigue circulando desde mi corazón hacia mis mejillas que tienen la vista al sol. La sonrojez siempre la espero, pues así recupero la tibieza para aumentar el significado del segundo.
No necesito a ningún sabio para recibir respuestas y aunque haya frío, tendré mis auroras boreales que fluirán por mis venas hasta manejar mis incertidumbres. La verbalización de llorar nunca está sola, siempre está ese acompañante impreciso llamado sonrisa. Por ahora, mastico y tengo más aliento que un suspiro.
Por lo pronto, la sangre sigue circulando desde mi corazón hacia mis mejillas que tienen la vista al sol. La sonrojez siempre la espero, pues así recupero la tibieza para aumentar el significado del segundo.
No necesito a ningún sabio para recibir respuestas y aunque haya frío, tendré mis auroras boreales que fluirán por mis venas hasta manejar mis incertidumbres. La verbalización de llorar nunca está sola, siempre está ese acompañante impreciso llamado sonrisa. Por ahora, mastico y tengo más aliento que un suspiro.
1 comentario:
A la misma hora que replicabas el comentario, yo iba saliendo del victor jara. quede atonico, por sentirme diferente, extraño y extranjero de la situacion.
pense que estarias, me aburri al rato y desapareci en silencio.
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respecto al texto:
nada mejor que hacer una llamada a las estrellas. me gusta eso.
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dale, hay ganas de leer mas! saludos.
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