Sábado de algodón.


En un día sábado de algodón, donde la soledad ha sido deseable y no es estática. Conserva su temple infinito y dentro de éste hay grandes cirros que toman la forma de otra nebulosa que transito, que no esperé ni pensé demasiado.

Alejé por un momento la gramática de la concentración y tomé el atajo de la congruencia. Parece ser un sendero más largo de andar, pero no lo conozco vagamente.

Entre los especiales tragos del día fue mi cuerpo realmente fatigado que reposó entre chirridos sustanciales para separar lo animal. El cuerpo que todavía espera olfatear el aroma apocalíptico, para terminar y comenzar. Sin embargo, no siento tantas contracciones de escrúpulos, porque sé que la redundancia del yerro pronto culminará, así como degusto esta sopa caliente de abstracciones.

Así también, es muy probable que vaya a otra estación, para saberme como trotamundos. Sé que alguien atravesará el viaducto y me sonreirá mientras esté en la punta del rascacielos, entablando una conversación con la alborada de mis decisiones.

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