
Complacida de lo que ha traído el viento y lo que también se ha llevado, los cipreses ya no se sienten plantados, recitan versos acerca de los cosquilleos de un sentimiento perenne. Sus hojas siguen siendo escritas y se sostienen pacientemente para ser un pilar de ese hoy que añoré en la eternidad.
La oportunidad pasada de terquedad me ha enseñado a conectarme con el deseo de aprender y poner los pies en tierras de la humildad, cautivarme de huellas que inspiran los big bangs del sueño redimido.
Me emociona que en mi mayor levitación seas el incesante infiltrado de la bomba que sólo explota de dicha.
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