
Un día pálido que ruboriza a la intranquilidad, los rostros incoloros están lejos y ahora recuerdo el cúmulo de estrellas que se multiplican conmigo. Me reflecto y veo mi boca, es una abeja obrera que busca la miel en tus planicies, te acompaño a la cumbre.
Seducida como la marea del océano por la luna, me levanto, por ti soy un oleaje que choca con las rocas para sentir y crear la inefable locura que sólo dos en la complicidad pueden concebir. Sigue adormeciéndome en tus brazos desnudos para mudarme en el firmamento de tu sopor y de tu aliento.
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