Y es que podemos elegir la experticia:
ser niños en la adultez y viceversa;
ser pasado, presente y futuro para avanzar, detenerse y retroceder;
ser inmediato y dilatado para adquirir paciencia y constancia;
ser humilde o arrogante para tomar conciencia de nuestra humanidad y manifestar omnipotencia injustificable,
ser libres o manipuladores para abrazar y maltratar,
ser físicos y metafísicos para calcular y dejar de hacerlo,
ser leal y desleal para investigar lo tautológico y lo contradictorio,
ser luchador y derrotista para alcanzar la cornisa o rendirse en pleno camino,
ser líderes verdaderos y falsos para obrar y destruir con un ejército o un séquito de hombres influenciados,
ser el cielo y el infierno para adornar y quemar el alma de quien quisiese amar,
ser rayo de sol y una gota de lluvia para germinar o secarse,
ser todo y nada para llenar y vaciar nuestras experiencias.
Elegir para no sólo saber lo que se habla, sino lo que se quiere vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario