Más perfecto que el cielo, no por su constancia de ser azul, sino porque la degradé lo completa. Ser azul, pero ser rojo, amarillo brillante y violeta cuando se le de la gana. Ganó en el juego de la habituación y sensibilización para otorgar más de tres millones de palabras. Y todavía los esquizofrénicos musitan neologismos.
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