Me enamoré.

Cuando lo leí, me enamoré de su lenguaje. Su lengua era distinta a la mía, pero el lenguaje era idéntico. Nadie pudo dejarme en silencio y una vez que sucedió, las palabras atravesaron mi corazón.

Fue difícil, porque no quería sufrir. No quería hacerlo, porque sólo era una niña que comenzaba a despegar hacia su futuro. No era una persona mayor como pretendía serlo. Sólo era una niña de 17 años que quería ir contra la corriente. Quería sólo plantar semillas sin ver crecer las flores. Pero no crecieron en el suelo, crecieron de revés, directamente en el cielo cuando te conocí.

No quería enamorarme, no quería que nadie lo hiciera ni nadie me dijera como hacerlo. Pero tampoco nadie me lo dijo. Bastó con creer en tí y después de un año y medio ver tus ojos verdes brillantes mientras los aviones pasaban por nuestras cabezas y el peso sobre mi hombro. ¿Sabes quién soy yo? Claro que si, gritó mi corazón y mis labios rojos y sedientos de tí se apoyaron en los tuyos. Respondiste mi grito, tus labios respondieron a mi aliento de estar cerca de tí.

Me enamoré, podría haber sido más perfecto, pero sólo puedo apreciar lo imperfecto. Amaba tu hambre, quería saciarte de amor hasta el cansancio y si mi energía moría no importaba, porque sé que tendría más. Amo tus ojitos verdes sonrientes y tu boca cuando degustaban un melón con arroz. Me enamoré de tí mientras estabas tan ebrio que tenía que serlo contigo, pero no quería que estuvieras mal. Te amaba vomitando las bilis mientras afirmabas la puerta para que no te viera. Me enamoré en el momento que sólo esperabas que la luna saliera para abrazarme y decirme que era tu novia, tu "polola". Amaba cuando tenías frío porque era una excusa para calentarte y para que estuviéramos juntos hasta las 4 de la madrugada y era la oportunidad para acariciarnos y besarnos hasta que saliera el sol. Dormir juntos y escucharte hablar en voz alta tus sueños.

Me enamoré mientras acariciabas mi cabello y lo recogías. Cuando jugábamos sin que nadie se enterara. Cuando te quedabas en silencio y entregabas tus teorías vitales y yo sólo te escuchaba y pasaban unos minutos y estabas besando mi cuello, buscando algún aroma a vainilla en mí. Cuando volvía de repente tu pasión y sólo querías que nos encontráramos ahí.

Me enamoré de tí, como si te descubriera como eternidad. Cuando pienso en tu imagen, veo pasado y presente. Me pregunto por el futuro y mientras lo discierno, me enamoraré de lo que me enseñaste y lo que desaprendí. Me enamoré de tí, pero la realidad pide lo contrario. Entonces sólo abrazo esta partícula de luz para saber que estás bien desde el terreno lejano en el que estás. Yo no te he olvidado mi dulce niño. Espero que tú tampoco, aunque creas en los relojes de arena y su frecuencia. Por favor, no lo hagas. Si crees que yo lo hice, es porque no puedo comprar tu libertad. Porque es tan valiosa que si fuera un río, bebería y nadaría siempre en él.


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