Transmisiones.



Demasiadas afirmaciones que han decorado tus pensamientos como cúmulos indispensables de un cielo sepia, no hay más información que la que ves en tí, dentro de tu era romántico - idealista que dista de la mía... Nunca creeré en los amores donde el héroe es el villano o donde la víctima pasa a un victimario ilustre y que no hace más que convencerte de que tú eres un cómplice más de su plan sin más ventaja que respirar por lo que dura el sol de invierno. Nunca creeré en los suplicios como forma de fuga de tu integridad. Tampoco sé si podré seguir creyendo en los vínculos donde los consejos son escuchados por corazones sin receptores de acústica y almas que han sido profanadas de su espacio sin casillas.

Lo que si siempre he considerado un regalo fueron los momentos en que tu presencia fue constante aunque yo quisiera dejarme caer al vacío. Esas instancias son dignas de denominarse tesoros que eternamente me recordarán quién fuí aún en el mayor clímax de todos los campos donde he sembrado. Sin embargo, esos campos nunca serán una concentración de mis temores y se han ido, no me llames loca porque he comprendido que la soledad es un bien en el que quiero invertir para encomiar mi encuentro por ser yo misma y si las diferencias amparan cada una de nuestras ausencias, siempre hay un valor que por sí mismo será sustentable, esto es la vida y su trascendencia.

Puedo comprenderte, puedo hacer de la empatía más que una representación, sabes que amé a un hombre sabio quien al mirar sus ojos podía entrar en la naturaleza misma de cada cosa existente, el verde de sus ojos fue siempre el mar tranquilo o raudo en donde me gustaba nadar y sus pensamientos me hicieron tal vez una mujer que deseó locura en dosis grandes, me enamoré de un efecto dominó, sabes que la perfección no reinaría en un ocaso. Por eso es que los efectos colaterales fueron irrebatibles y lo que parecía no tener límites, lo tuvo. Pero este es mi calibre, el hombre sabio voló y nunca permitió que lo poetizara. Mi enfermedad se ramificó y entonces morí para nacer en libertad.

Espero que mientras te balancees, encuentres la tuya. No soy un gran ejemplo, pero tampoco un espíritu sin saber su punto de partida.

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