Solución.


Eras en mi realidad barroca el infinito
que derribaba columnas que miraba en lo alto.
Eras aquel hombre en mi colina imaginativa,
ese arcoiris inesperado que se da una vez en la vida y en la muerte.

Y ahora estás al cuadrado,
casi como esa cifra de la que todos huyen o eliminan.
Todas las soluciones están a la vista,
no haces la diferencia y no tengo evidencias.

Podría escribir un libro con pasajes titulados de rencor,
pero mi alma no sabe dimensionarte,
no crucificaría tu imagen para resucitarte,
porque me has hecho afirmar mi fugacidad.

No hay yugos de raíz,
no tengo que sumar mi pericia en conquistar otros mundos,
pero mi desesperanza ha expirado
para multiplicar mis preciados desafíos.

Cesa de aquellas respuestas,
estamos disolutos.
Confía en aquellas respuestas,
estamos diluidos.


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