Hablando de la continuidad.

No hay tantas razones para elegir la quimera que ha tenido siempre el motivo de ser incandescente, camina entre el limbo de la calidez de los momentos y la quemazón de las habladurías pretéritas. Aquellas palabras que han sido incineradas y repartidas sus cenizas a los lugares que dan frutos maduros, los cuales frente a cada mordida tienen un gusto suave y ligero.

Pues así, aunque las cosas parecieran siempre ser iguales como si fueran vistas por un caleidoscopio, nada en realidad se mantiene detenido. Lo que si está en constante devenir es la esencia, la cual es dignificada mientras mantengo los deseos extragalácticos de figura y fondo.

Por ahora sigo mirando el techo que finge ser inmóvil, envuelto de aberraciones violetas y copiosas de lágrimas naturales. Contemplo desde la rendija de mi ventana gotas tenues que cubren sólo una parte de ese suelo que me retiene firme a mis sueños pertenecientes al circuito cotidiano. Ya he narrado mi sueño ilustre, éste es redimir aquel reloj que me servía de despertador - el cual reside en mis manos - y el reloj de compases pausados que estrena una sensibilidad despejada.

No demando nada, sólo continuidad y consistencia en la mirada y en los pensamientos de cualquiera.

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