
En la hora donde se prende la luz fluorescente, entro en esa puerta, me incorporo en un arcoiris declarando más energía a mi sustancia poética. Y entonces nuevamente me transporto en los pensamientos primitivos.
Pido un segundo más al mundo para no llegar a la era de piedra o de fuego, donde los amantes coagularon esa sangre que llegaba a las mejillas o endurecieron las entrañas. Tampoco sería perfecto volver al sentimiento que se quemó a lo bonzo y eruptar volcanes de emociones en tránsito.
Y siendo una transeúnte, las ideas son el mejor combustible y es así como la depuración exorcisa todas mis fuentes de toxicidad, llámese confusiones, incertidumbres, desequilibrio, nostalgia potencialmente perenne, malas palabras. Seguiré recordando, pero he dejado la vieja costumbre de ritualizar los karmas. Y entre el placer infinito de la libertad encontré la adición más que la sustracción: Evolucionar naturalmente.
Y estoy ahí.
Pido un segundo más al mundo para no llegar a la era de piedra o de fuego, donde los amantes coagularon esa sangre que llegaba a las mejillas o endurecieron las entrañas. Tampoco sería perfecto volver al sentimiento que se quemó a lo bonzo y eruptar volcanes de emociones en tránsito.
Y siendo una transeúnte, las ideas son el mejor combustible y es así como la depuración exorcisa todas mis fuentes de toxicidad, llámese confusiones, incertidumbres, desequilibrio, nostalgia potencialmente perenne, malas palabras. Seguiré recordando, pero he dejado la vieja costumbre de ritualizar los karmas. Y entre el placer infinito de la libertad encontré la adición más que la sustracción: Evolucionar naturalmente.
Y estoy ahí.
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