Despreocupaciones.

Que no te afecten las soluciones innecesariamente intrépidas de algunas personas gélidas y que toman la actitud de repetir la historia una y otra vez, para concluir en ser más inmaduros de lo que son cuando caen del árbol.


No le creas a nadie que caricaturice tus actitudes y tus pensamientos a su favor. Síguele la corriente para que crea que tú caes en su estupidez y en su forma de ser infeliz. Por algo tú tienes ahora más oportunidades para crecer, para exigir más y para amar. Por alguna razón te está entregando la vida todas las posibilidades de ser feliz.


No enganches con su pasividad y poco compromiso por la vida. Deja que huya constantemente, porque no es osado para cambiar su existencia. Deja que huya constantemente, porque no sabe detenerse para encontrar una nueva forma de mirar el amanecer y para discriminar que no todos en materia humana somos iguales.


Permite que le dé úlcera cada vez que te encuentres con una nueva razón para soñar y no la comprenda, porque quiere tener el todo por ciento de tu atención y no quiere perder. Tal vez, de esa manera pacífica y libremente pueda esclarecer su galaxia introspectiva.


Concede la actitud que proyecte sus aversiones y te haga sentir desorientado en todo lo que emprendas y decidas. Calla y déjalo que vocifere que sabe lo que dice. Concede, pero no legitimes. Se siente ridículo, porque piensa que sus dogmas no están en sintonía con los tuyos.


Asegúrate de tu cara de póker cada vez que afirma que los sentimientos no han viajado por el cuerpo, de cuestionarte que haces un lío si se cae su torre de babel y, más aún, cuando dice que se le presentan las mismas oportunidades de oro que las tuyas. Es el mejor bien que te juzgue, pero tú no lo hagas. Te juzga, tú te respondes. Así de simple.


No te limites a pensar que su indiferencia es permanente. Está en búsqueda y seguirá estándolo. Pero tú ya encontraste. Y si en algún minuto, él acaba en tu mismo verbo, el encontrar, todo será espléndido.


Así que admite las imprecisiones. No todo será confusión. Y si quieres una gratificación más, desaparece. Hay una expectativa de ser único y omnipresente en alguna entraña.

1 comentario:

Anahy dijo...

A veces cuesta tanto no dejarse contaminar con la mala onda ajena...
Muchas veces una se escuda con que es "sensible", pero creo que es sólo una excusa para seguir siendo masoquista y hacer responsables a los otros de nuestra infelicidad, porque no somos lo suficientemente fuertes como para hacernos cargo de nuestra felicidad.
Hay que despertar.
Hay que estar dispuesta a vivir, y saber disfrutar.