El lienzo.


Discierno entre los colores para mi lienzo que tiene su boceto definitivo, pero que debe tomar forma. Los colores, por sí solos, son bastante vivos, pero algunos poseen más grado de profundidad. Hay dos colores que intensifican mi obra y la hacen valorable. Conozco a ambos colores principales, pero no del todo, sin embargo, no es algo que me provoque martirio. El conocimiento se mantiene en un motivo de fluidez.

Ambos colores son un total contraste. Mientras que uno gusta de perspectivas, el otro hace su protagonismo a través del degradé. Uno es un conjunto de colores nobles que enjuegan ternura, naturalidad, absurdo adictivo, transmite la energía de soñar y volar. El otro es un conjunto de colores cálidos que, por momentos, demuestra autoridad aún siendo un color primario, se vuelve tan pasional y agresivo como metálico y de cera. De encenderse pasa a ser carmín y de ocupar el sello uniforme y preciso en el lienzo se transforma en un blanco invierno. Este último color juega con mi imaginación; el otro toma tranquilidad, con su pincelada firme es fácil dar forma al cielo y al mar como base, puedo mirar con mayor agudeza el horizonte.

Sin embargo, es menester decir que un horizonte tiene un cierto efecto ilusorio, radica en hacer parecer los buques y los territorios que hay detrás - los cuales se manifiestan como objetos trascendentales a la obra - algo distantes. Esta es la mayor excusa de sobrevivencia del otro conjunto de colores, los cálidos. Se sujeta de ahí, a veces pareciendo una amalgama fría para colorear, no lo sabe, pero puedo concientizarlo porque él viene del mismo eslabón, desde una carta de colores que no tenía consistencia dentro de otro lienzo. Pero no hablaré de aquella obra, antes podía hacerlo, ser crítica en obras antiguas o nuevas de otros; no lo hago, porque la experiencia en hacer arte aunque sea joven me lleva a no juzgar la estética y estilo de otros, ni hablar como nació la intensidad de ese conjunto de colores en el ayer.

Yo fuí colores en alguna obra antigua, pero no es prudente hablar de ello, mientras sea vista como un color vivo en mi obra en el aquí y el ahora. O en la obra de otro, hoy. Con respecto a ello, esos colores nobles justifican la paz y alegría de mi lienzo, pero los colores cálidos, entre algunos intersticios, también lo hacen.

Éste último intenta convencerme, pero no puedo evitar ser una pintora que diluye el pincel en agua para aclararlo. Aún no entiendo bien por qué se aferra a mi obra cuando es tan libre de ser un color principal en otra. El color noble es funcional a su ser y se compromete a aferrarse libremente al lienzo y, tal vez, hace mi obra magnífica con esta actitud, me hace sentir agradecida.

El conjunto de colores cálidos viaja por el lienzo con algunas interferencias de tiempo y aunque lo conozco en cuerpo, me falta conocerlo en algunas pinceladas. Llega a ser cruel idealmente hablando y esto puede llevarlo fácilmente al hacerse verbal para mí. Es más cercano, pero a veces quisiera hacerlo más, pues sería una razón de tantas para mi lienzo, pero el conjunto no se deja, prefiere desafiar mi obra como para cambiar mi leit motiv y enredarse en mis pulsiones. Quiere esconderse en mis pupilas, me cuestiona, yo me alejo para pintar otro rincón con los colores nobles, los cuales me inquietan, pero están destinados a llenar esos espacios de mi pintura, pero el color cálido se introduce ahí como si quisiera concluir en la razón general de mi arte. Temo dejar que desbarate otras razones igual de importantes. Le gusta rozar y acariciar mi ímpetu al ser yo misma cuando pinto. Y quiere entrar en mis puertas internas a veces, pasando de largo mente y alma. Y es cierto, en ocasiones me convence, me seduce para mi obra, pero como no sólo se trata de caos, también pinto armonía. Y yo entiendo de armonías al untar el conjunto de colores nobles. Se pasean por el lienzo, respetan mi margen y pueden ser luz y sombra.

No obstante, ambos son importantes en su existencia. No creo del todo que la paleta de colores cálidos sea cien por ciento metálica y cruda. Por algo es cálida y a veces en mi obra se fusiona con otros colores y acaba difuminándose en ternura. Pareciera no saberlo, pero yo me doy cuenta, lo hace cuando se ve perdido en un extremo y abandonado por mí, ahí es cuando resurge. Mientras que los colores nobles también al fusionarse tienden a volverse cálidos en instantes, es un color crudo encubierto, parte de su propio albedrío.

Por eso creo en las imperfecciones que se corrigen por sí solas y aunque tenga una idea de mi arte, no hago intervenciones molestas. Y tampoco utilizaré un mezclador para unir mis dos conjuntos de colores a la fuerza.

No seré jamás una artista artificial, no quiero dañarlos, ni dañar mi lienzo y aunque esté ya definido el bosquejo - lo que quiero - dejo que todo tome forma y lugar a través de la rosa cromática. Se de todas formas que algún conjunto de colores exaltará mi creación, quizás lo que he mencionado u otro nuevo del que no me había percatado que si existía.

1 comentario:

Jose Cuadro Manzano dijo...

Sé que tu bosquejo sera una Gran obra :)

saludos lemmongirl y un beso^^