Los pensamientos como tienen un circuito en espiral, pocas veces se retuercen y se dividen entre el tesoro y su baúl. Cuando quedan atorados sólo en este último ya vacío - el tesoro está afuera -, éste sufre de indigestión y acidez espacial y temporal. Ahí todos los médicos de conciencia tienen que acudir a la brevedad.Pero por suerte y aprendizaje, somos nuestros propios médicos de cabecera. Ignoramos el gran poder que tenemos de hacer fuego para el cigarrillo y para amar, aunque el tipo de fuego sea distinto. Cuánto poder hay al levantarse y sortear los charcos después de la tormenta.
Y ahora después del monólogo interior, recargo mis sentidos. Sigo experienciando, la paradoja del asimilar errando aún es un bien en el que se puede invertir. Pero esta vez yo decidiré y haré la selección natural hasta que mi órgano de pulsaciones se sienta satisfecho de tanta filantropía.
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