Alguien me enseñó que algunos pensamientos se ovillan para no crear tejidos confusos de sentimientos pescados que pueden encontrarse en la orilla del mar. Son pensamientos residuales que jamás tienen una existencia argumentada, pero cuando el alma se exaspera, la lengua los hace recurrentes y degusta un sabor agrio llamado laberinto.
Pero recuerdo el personaje quien me lo enseñó y en realidad es la Primera Persona de las líneas escritas. Y mientras suelto un pequeño respiro, mi lógica e ilógica imaginación y esencia encuentran la salida.
Pero recuerdo el personaje quien me lo enseñó y en realidad es la Primera Persona de las líneas escritas. Y mientras suelto un pequeño respiro, mi lógica e ilógica imaginación y esencia encuentran la salida.

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