Gran parte de mí.



Las dos instancias: la destructiva y la creadora. Siempre tiendo a utilizar esta última y en esta ocasión no será diferente para escribir de lo volátil, pero sin final.

La lluvia ha cesado y siempre he tenido la noción que después de lo copioso que puede ser ésta, al otro día despertaré con el alma del cielo brillante y alimentará los espacios de espíritus terrenales, nosotros mismos. Y observo una cordillera majestuosa, la que siempre quiere exhibirse, pero las imprudencias del hombre, modificando cauces naturales no se lo permiten.

Y en la majestuosidad, en un adjetivo tan precario para describirte, comienzo a hacerlo. Y así fue el punto de partida: De un día de nubes, la mente incierta se despejó y dejó ver más allá del océano, en el horizonte, la puesta de sol que significaba el encuentro de dos poemas que se fundirían en el fluido del tiempo para amarse. Sigo siendo parte de ese poema y aunque sea un ser individual, también eres parte de mí, eres el verso llamado vida completa.

Tú, eres un pez que nada constantemente en mi mar de pensamientos, que atraviesa la roca indestructible, que ayuda a organizar mis preocupaciones y las transforma en alegrías. El que besa mi tacto y que afirma mi ímpetu de ser mejor mujer. Eres esa brisa que es bienvenida cuando todo es demasiado frío y que me hace tomar conciencia de que lo imposible existe para creer en lo posible. Seremos los eternos pasajeros que vivirán juntos, abrazando cada experiencia.

Amo todas tus formas y figuras, loco de ojos risueños. Y te agradezco por enseñarme de manera cotidiana lo que es el amor como nunca nadie de tu estado y formas biológicas lo hizo. Gracias, naturaleza hecha hombre, te amo.

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