Caja musical



Y por fin se abrió la caja musical, un órgano complejo que en sus propias válvulas cantó y decidió dejar circular la sangre fidedigna de los deseos. No puedo escribir los tuyos, porque he descubierto que en ellos está la alquimia de tu existir y de cada mitosis de tus sueños. 

Eres como un aerolito que nunca nadie esperó, por lo tanto, es necesario dejar que repose el tiempo, se ha alimentado demasiado. El tiempo nunca ha estado exhausto, sigue siendo el mismo, sigue en nuestras líneas de las manos, en nuestros ojos, en la abertura del corazón que siempre anhela encontrar un nuevo amor. Yo lo he encontrado, mientras quise recorrer otras almas y sus caparazones adornados de sí, lo he encontrado fuera. Y en el limbo de las razones más básicas, renuncié a toda perfección. Porque sé que cuando contemplo los minutos previos cuando comienza a llover, estás tú en el infinito. Cuando los arcoiris decoren la llegada del sol, sé que estás caminando por cualquier calle de una ciudad verdosa. Cuando los sorbos de felicidad se junten, las noches se harán presente para que tú concilies el sueño sin sentir demasiado frío ni calor. 

No llames al sol cuando se ponga tras las montañas, pues quiere susurrar por la alegría tejida después de la tempestad... Esperaré aquí y seguiré obrando por la acuarela de naturaleza vital, la tierra en derredor a la luz, la rotación y traslación de mis días de júbilo y pasión.

(Escrito en Abril de 2009)

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