En el intestino



Se mueve mi estómago con la luz del sol. Digiriendo cada trozo tangente y utópico, no hay karma que sobre o que falte. Lo que si es una piedra en el zapato es que el pequeño hombre ya no lo es y aún se escape por la rendija por creer que ya descubrió el mito de la caverna. Pero es sólo fuego que no da calor, sólo quema. Azul, rojo y negro por doquier. Sus pies siguen arrastrándose, sus ojeras siguen conservando el color canela y el alma adelgaza y se posa en mi morada cansada, el hombrecillo se vuelve una oruga, todavía arrastra el paso. Falta tiempo para la vida y la muerte, aún el cerebro es un capullo, pero volará algún día. Mientras tanto, seguirán revistiéndose mis entrañas y el silencio será la mayor arma de batalla.

1 comentario:

F dijo...

La caverna engaña, declararse libre es una muestra de lo lejos que está la salida.

Que surreal.

Saludos.

F.